Soy un convencido empecinado de que Centroamérica existe, o de que al menos es posible. Pienso que en estos albores inciertos del siglo XXI, la hora de Centroamérica es la cultura, la hora en que debemos poner todos nuestros relojes. Esa es la razón por la que nos reunimos en Centroamérica cuenta. Se trata de abrir puertas a la cultura, hacia afuera y hacia dentro.

Eso equivale a decir: ¿somos idénticos los centroamericanos? ¿Es la diversidad una forma de identidad? Tendremos identidad mientras la busquemos, mientras nos interroguemos acerca de lo que somos y de nuestro destino latinoamericano, de nuestro destino en la lengua que hablamos. La lengua es también una patria que no tiene fronteras, ese territorio inconmensurable de la Mancha que dejó en nuestros mapas Carlos Fuentes.

Nuestra gratitud a todos por haber venido de tan lejos a acompañar a los centroamericanos, «alzando su pie», como solía decir mi padre.

Queremos ver y ser vistos. Cómo nos ven y cómo vemos a los demás. Comparar notas acerca de nuestras realidades y las formas de escribirla y describirla. Aprender de los demás, y enseñar a los demás lo que somos. Al fin y al cabo, todos somos hijos de la imaginación.


Sergio Ramirez
Presidente

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